Cuatro kilómetros de pista de tierra
El 18 de agosto de 2025, día diecinueve, teníamos una invitación. Unos conocidos viven en el campo cerca de Farnese, en el norte del Lacio, en un terreno donde cultivan lo que comen. Era exactamente el tipo de sitio para el que habíamos salido.
El camino hasta allí se convierte en pista de tierra. Lo descubrimos un par de kilómetros después, cuando las ramas de los lados ya rozaban la autocaravana. Quedaban cuatro kilómetros. Desde ahí se podía dar la vuelta, y habría sido la decisión razonable.
No dimos la vuelta. Llegamos, con el lateral rayado de punta a punta y las marcas de las ramas también en el techo. Ese día el recorrido marca ochenta y un kilómetros y trescientas setenta y nueve posiciones registradas: la mayoría, en los últimos cuatro kilómetros, prácticamente detenidas.
Nos costó aceptar los daños. Pero lo que más nos ha hecho pensar no es la autocaravana: es que habíamos dicho que llegaríamos, y llegamos. Cumplimos lo que prometemos, aunque no nos convenga. Es algo de lo que en familia estamos bastante orgullosos, y aquel día nos costó un lateral.
Todavía no hemos decidido si es una virtud o una cabezonería. Probablemente depende del caso, y el problema es que en el momento de elegir no sabes en cuál de los dos estás.










